El día martes 31 marzo, Donald Trump amenazó con pulverizar todas las plantas de generación de energía y desalinización de agua de Irán, a menos que su gobierno se rindiera y cumpliera las demandas norteamericanas.
“Si por cualquier motivo no se llega pronto a un acuerdo” publicó Trump en su plataforma Truth Social, ”terminaremos nuestra encantadora “estadía” en Irán, destruyendo por completo todas sus plantas de generación eléctrica, pozos de petróleo y la isla de Kharg (¡y posiblemente todas las plantas desalinizadoras!)”.
Trump también declaró al diario Financial Times en una entrevista que “preferiría quedarse con el petróleo (de Irán)”, comparando esta posible medida con la situación en Venezuela, donde los EE. UU. pretende controlar la industria petrolera «indefinidamente» tras el secuestro de Nicolás Maduro en enero.
Por otro lado, ganar plata también es un tema muy cercano al corazón del Secretario de Guerra, Pete Hegseth.
Es así que, un corredor de bolsa suyo en la empresa Morgan Stanley intentó realizar una importante inversión en grandes empresas del sector de defensa en las semanas previas al ataque conjunto de EE. UU. e Israel contra Irán. Se puso en contacto con BlackRock en febrero para realizar una inversión multimillonaria en sus fondos ETF Defense Industrials.
Las cosas no andan tan bien.
Trump y las fuerzas económicas y militares detrás suyo tienen una estrategia. Quieren poner fin al debilitamiento económico de su imperio frente a China a través del uso de su poderío militar. Con esa fuerza, piensan, pueden recuperar su poder político-militar en el mundo y por ende su posición económica. Tienen claro que no les fue bien en las guerras de Iraq y Afganistán y quieren dejar muy en claro que, en el mundo, ellos mandan.
Pero no les ha ido muy bien, digamos.
El otro día, el avión de la foto arriba, un E3 Sentry, que constituye una pieza clave de las operaciones aéreas estadounidenses ya que proporciona vigilancia, mando y control en tiempo real, fue destruido en Arabia Saudita.
El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán también destruyó sistemas de radar, incluso el AN/FPS-132 en Qatar, de unos 2.700 millones de dólares durante la primera semana de enfrentamientos con las fuerzas estadounidenses.
El radar AN/FPS-132, es un radar de alerta temprana de misiles balísticos de largo alcance destinado a formar parte de la capa más externa de las defensas antimisiles de EE. UU., capaz de detectar lanzamientos a una distancia de hasta 5.000 kilómetros, de rastrear cientos de objetivos simultáneamente y de proporcionar predicciones precisas de la trayectoria de los misiles balísticos. El sistema vale unos 700 millones de dólares y va a costar 4 años de trabajo para reemplazarlo.
Al parecer, los ataques iraníes también han inutilizado dos portaaviones estadounidenses. Portaaviones como estos han sido un medio clave para la proyección del poder global de Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial. Independientemente de cómo termine la guerra, probablemente marque el fin del dominio primero europeo y luego estadounidense sobre Asia Occidental, que se ha prolongado desde el período posterior a las guerras napoleónicas, hace 200 años.
Sin o con querer.
Donald Trump, sin saberlo, ha empujado a los adversarios de Estados Unidos a descubrir nuevas formas de ejercer presión sobre el país. Su guerra comercial con China llevó a Pekín a aprovechar su dominio sobre las tierras raras y los minerales críticos que se utilizan en la producción de micro conductores, lo que obligó a Estados Unidos a dar un paso atrás y reducir sus aranceles.
De manera similar, Irán ha respondido a los ataques norteamericanos y ha cerrado el estrecho de Ormuz al tráfico. En fin, Teherán, al igual que Pekín, ha descubierto lo rápido que puede infligir daño económico al Occidente.
Las interrupciones en el estrecho de Ormuz han hecho que el precio del petróleo supere los 100 dólares y que los precios del gas en Europa casi se dupliquen, lo que ha desencadenado una nueva crisis energética en todo el continente.
Irán ha bloqueado el estrecho de Ormuz, por el que normalmente transita aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de petróleo y gas natural licuado, pero sigue dejando pasar parte del petróleo y el gas con destino a China. Estados Unidos no ha querido provocar con sus ataques militares, una reacción de su principal rival imperialista, China, que compra el 90 % del petróleo iraní.
Por su parte, el buque enorme petrolero Al-Salmi, atacado por el dron iraní el otro día, se dirigía a Qingdao, en China, y transportaba 1,2 millones de barriles de crudo saudí y 800 000 barriles de crudo kuwaití, según el servicio de monitoreo TankerTrackers.com.
Pero Trump ha dicho que puede lanzar ataques contra la isla de Kharg.
La isla de Kharg es una terminal de petróleo y gas de gran importancia estratégica situada en el golfo Pérsico, al noroeste del estrecho de Ormuz. Casi el 90 % del petróleo iraní pasa por esta isla, ya que las aguas costeras son demasiado poco profundas para los grandes petroleros.
Trump temía antes, que destruir la capacidad de Irán para exportar petróleo lo convirtiera en un «Estado fallido», lo que podría desencadenar la ira de China y generar todo tipo de problemas para Estados Unidos e Israel.
La geopolítica, la producción y la distribución.
Parece inevitable que los altos costos de los ataques militares norteamericanos traerán un crecimiento más lento, la inflación y caídas en la eficiencia industrial a nivel global.
La Agencia Internacional de la Energía ya ha puesto en marcha una liberación sin precedentes de reservas de petróleo, poniendo a disposición del mercado 400 millones de barriles de crudo.
Y Shell ya ha declarado “fuerza mayor” en algunos envíos de gas natural licuado a Asia, lo que significa que dichos envíos no se llevarán a cabo.
Pero los países árabes desde hace tiempo no son solo productores de petróleo, sino que son centros de industria a gran escala.
El tráfico marítimo se ha paralizado prácticamente por completo en el estrecho de Ormuz, lo que ha cortado el suministro de – por ejemplo -- azufre, subproducto del refinado de petróleo y gas que resulta vital en sectores que van desde los fertilizantes y los productos químicos hasta los chips de computadores y el procesamiento de metales.
En fin, el impacto de la interrupción en esta vía marítima se está extendiendo por todos los sectores y las cadenas de suministro, que ya se encontraban bajo presión, se enfrentan a su mayor amenaza desde la pandemia de COVID-19, según los analistas. Más de 44 mil empresas han visto afectado al menos un envío, según el grupo de análisis Dun & Bradstreet, que señaló que las empresas de China y la India han sido las más expuestas.
El aumento ha puesto de manifiesto la fragilidad de las cadenas de suministro construidas en torno al Golfo, que representa el 45 % de las exportaciones mundiales de azufre, según el grupo de inteligencia empresarial CRU.
Es más, problemas de distribución de un producto – por ejemplo el gas natural , afectan la producción y distribución de otros.
China, India y Rusia, por ejemplo, son los mayores productores mundiales de urea, impulsados por la elevada demanda de fertilizantes y sus abundantes recursos de gas natural.
Insumos en la producción de urea son los gases amonio y dióxido de carbono, que son productos del procesamiento del gas natural. Pero la guerra en Irán ha restringido gravemente la producción y el transporte de este gas, principalmente al forzar el cierre del estrecho de Ormuz —lo que afecta al 20 % del flujo mundial de gas natural licuado (GNL)— y ha provocado daños en su proceso de producción. Qatar ha declarado fuerza mayor en las exportaciones de GNL tras ataques a su centro de producción de gas, que proporcionan un 20 % del suministro mundial.
Pero India necesita grandes volúmenes de gas para seguir con su producción industrial de urea, y no está llegando el gas porque está cortada la vía marítima. Urea es central para la siembra que se hace en el mes de abril en los países del occidente.
Qatar también exporta su gas helio, que se produce como subproducto del GNL en la ciudad industrial de Ras Laffan, principalmente por vía marítima en contenedores criogénicos especializados. Estos contenedores mantienen el helio líquido a temperaturas extremadamente bajas durante un periodo de entre 35 y 48 días, lo que permite que lleguen de forma segura a los compradores de todo el mundo a través del estrecho de Ormuz. Tercera parte de la producción mundial del gas helio, que se usa en la salud y semiconductores, viene de Qatar y su ruta de distribución pasar por el estrecho de Ormuz.
Por si fuera poco, se espera que el último envío conocido de combustible para aviones desde Oriente Medio al Reino Unido llegue esta semana, lo que pone de manifiesto el impacto cada vez más inminente de la guerra en Irán sobre las aerolíneas y los viajeros.
Algunas conclusiones.
Mirando a la relación muy estrecha entre los ataques militares y sus consecuencias económicas, podemos pensar de un par de temas centrales.
Primero, que cualquier estrategia de lucha debe ser internacional. No se puede hacer una “revolución” ni una “rebelión” en un solo país. En el caso de Irán, los ataques por drones y misiles a las instalaciones de GNL y petróleo en Qatar y Arabia Saudita, son parte indispensable de la guerra.
Y segundo, que la lucha siempre es económica y social. Que la política de la lucha social debe ser económica también.
¡¡¡ Quizás el poder norteamericano va a sufrir otro fracaso !!!
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