La intensificada presión contra Cuba del EEUU de Trump es una descarada agresión imperialista. Nos oponemos a ella, igual que rechazamos toda injerencia imperialista, por parte de cualquier potencia, en América Latina, en el Medio Oriente, en Ucrania…
Pero oponernos incondicionalmente al ataque estadounidense no debe llevarnos a respaldar políticamente al Gobierno del país agredido, ni en Cuba ni en Irán.
Nuestra solidaridad es con los pueblos de estos países, y de manera especial con la gente trabajadora y pobre. Esta sufre a causa de las sanciones, incluso de las bombas, desde fuera, pero también a manos de la clase dirigente de su país. En Cuba e Irán también se aplican políticas neoliberales, también reprimen a las personas que luchan por sus derechos.
Por eso, ante la situación terrible que vive la isla, nos alegra mucho haber podido realizar esta entrevista con dos simpatizantes en Cuba de Marx21, Jonathan Formell y José Julián Valiño Hernández, que forman parte de la izquierda crítica cubana.
(Esta entrevista fue publicado por primera vez en la página del socialismo revolucionario marx21.net basada en España: Cuba bajo los apagones - marx21.net
¿Cuál es la situación actual en Cuba con los cortes de luz?
José Julián Valiño Hernández (JJ): Los cortes de electricidad, los apagones, producen una situación durísima para la población cubana.
Los apagones vienen prolongándose desde hace quizás cuatro años. Duran cada vez más horas. Empezaron, sobre todo, en las provincias orientales y centrales: afectaron más las partes más rurales de la isla. [Nota: Hay que tener presente que el este de Cuba tiene un mayor porcentaje de población racializada y sufre más pobreza que La Habana].
Pero hace uno o dos años empezaron a afectar no solo a la parte rural, sino a toda la isla, incluyendo las ciudades.
Jonathan Formell (JF): Los apagones varían según la zona geográfica pero también afectan según la situación social económica de las personas. Ayer, por ejemplo, fui a trabajar y por casualidad hubo luz. Normalmente, donde trabajo, en un local musical independiente, no hay corriente; está ubicado en una zona menos favorecida económicamente.
JJ: Los cortes no solo tocan la vida personal, sino también la vida productiva. Afectan a las empresas de todo tipo, las entidades estatales, los servicios, las pequeñas y las medianas empresas, las cooperativas agropecuarias, las cooperativas no agropecuarias… perjudican absolutamente toda la vida económica, social y política del país. Los niveles de producción están en un mínimo histórico, en todos los sectores.
JF: Ahora mismo las escuelas están funcionando de forma limitada, no hay universidades funcionando, no puedo impartir clases en la universidad como profesor. No se puede trabajar en condiciones ni siquiera mínimamente estables, digamos que el trabajo está totalmente precarizado.
JJ: La vida se ha precarizado mucho más en todos los aspectos. Por ejemplo, hay mucha basura en las calles de la Habana: prácticamente no se recoge, se acumula en las esquinas. La gente ha optado por quemar los botes de basura.
JJ: La opción de las personas ha sido seguir resistiendo y seguir haciendo malabares para poder sobrevivir. Han recurrido a cocinas de carbón y de leña, incluso en espacios pequeños. Eso ocurre en La Habana, pero sobre todo en las demás provincias, porque allá los apagones están mucho más focalizados y son más largos.
JF: Sí, la ciudadanía intenta resistir frente a esto, construyendo alternativas comunitarias (tanto laicas como religiosas), pero es muy difícil. Por ejemplo, actualmente no hay transporte público, y el transporte privado se dificulta muchísimo porque la gasolina está extremadamente cara, por lo que los taxis suben infinitamente los precios y el Estado no los controla.
Un litro de gasolina puede perfectamente salir a 5 mil pesos, que es lo que gana un trabajador en un mes y un pasaje en taxi almendrón (carros norteamericanos de los 50) puede valer entre 200 pesos a 1.500 pesos. Es totalmente imposible.
Esto a la par ha generado un crecimiento exponencial del uso de la bicicleta tradicional en los sectores más proletarios y de la intelectualidad joven, está creciendo la cultura ciclística (a pesar de que en Cuba no hay ciclovías y realmente se dificulta muchísimo ya que no es un país preparado para esto).
Entonces, mucha gente se está reinventando, en Cuba se nos conoce por eso. El cubano saca oro del estiércol. Pero en el fondo se trata de diferentes formas de explotación que se nos imponen, ¿no? Particularmente hay una ley política no nombrada por la izquierda internacional que en la izquierda crítica cubana a veces llamamos el bloqueo interno, ejercido por el Estado contra la ciudadanía en su totalidad, y especialmente contra la ciudadanía activa políticamente (incluso si es de izquierdas). A esto se suma el bloqueo externo (embargo, etc.) de EEUU.
Así que en este contexto, la gente con más acceso económico quizá se compre un carro eléctrico o una moto eléctrica, conocida popularmente como grillo, una especie de bici moto, que tiene autonomía de 40-60 kilómetros. Hasta donde yo sé, todos son de producción china. A ello se suman los triciclos (motos eléctricas colectivas) que apoyan un poco el tema del transporte.
Con esto la gente va tirando, para mantener cierto nivel de productividad, y traer alimento a casa, que es lo más importante ahora mismo. En estas condiciones comprar una bicimoto china es inalcanzable para una persona con un trabajo estatal (un profesor, por ejemplo), una de estas motos cuesta más de mil dólares.
En general los precios son imposibles. Con las diferentes medidas que ha tomado el gobierno, casi no hay producción. Es una economía totalmente estancada que sirve a la burguesía privada nacional y a la burocracia.
No hay derechos obreros ni campesinos de ningún tipo. Lo que hay de comida, hay que comprarlo en los chiringuitos, las bodeguitas o puesticos de venta. Hay muchos de estos, que venden los mismos productos, a precios casi idénticos. Se trata de comida extremadamente cara en muchos casos, comida incluso de baja calidad proteica, de baja calidad nutritiva o vitamínica. Porque lo que alimenta cuesta más.
JJ: Si la situación anterior ya era sumamente crítica, la situación actual es la de un colapso sistémico.
El 29 de enero Trump firmó la orden ejecutiva que hizo casi total el bloqueo energético contra Cuba. Según el discurso oficial, desde entonces no entró ningún barco petrolero en la isla. Finalmente, el 31 de marzo, llegó un barco ruso, Anatoly Kolodkin, con 100.000 toneladas de petróleo.
Ahora puedes estar 18 horas o 24 horas sin luz… en la medida que van rotando los apagones por los diferentes distritos, o “bloques”. La situación es de colapso sistémico, prácticamente.
Los hospitales están funcionando prácticamente sin recursos de medicinas, sin recursos para insumos médicos de yesos, sueros, jeringuillas, lavado de sábanas, toallas, guantes… Es realmente un sistema de salud pública bastante colapsado, tocado. Y el sistema educacional también ha quedado muy afectado.
El Estado tiene un nivel de margen de maniobra ínfimo para atender su propia estructura estatal, muy burocratizada, muy inmovilizada. Está falta de ideas que promuevan una dinamización de la economía, de la sociedad… También obviamente porque no hay realmente un diálogo existente entre el pueblo, las clases sociales, los sectores de la sociedad cubana… con el poder.
JF: Claro que las hay.
Por ejemplo, alguna gente con dinero está comprando dispositivos llamados EcoFlow, un equipo de panel solar y batería. He visto a gente en edificios de zonas céntricas que tienen ya sus equipos de estos. Así tienen luz en sus casas.
Hace poco llegó de China un donativo de instalaciones solares, que se debían conectar al sistema electroenergético público. Ahora ha salido un anuncio oficial de que van a quitar estos equipos solares del sistema público, para alquilar la energía solar.
Hablan de alquileres a precios estratosféricos, creo que 10 kilovatios van a costar unos mil dólares al año, algo así. Esto no lo puede pagar la gente corriente. Es para que lo paguen cubanos que viven en el extranjero.
Pero son soluciones privadas, fuera del alcance de la mayoría. Se ve como el Estado se desentiende del pueblo, y la desigualdad crece.
JJ: Por supuesto que nos oponemos completamente a Trump, pero también hay que tener presente la responsabilidad del gobierno cubano, del Partido Comunista Cubano (PCC). Tienen mucho poder sobre todas las entidades y las instituciones del país, y sobre los individuos, obviamente. No actúan en interés de la mayoría sino de ellos mismos.
Esto ha provocado explosiones sociales. Las personas reaccionan contra el inmovilismo del PCC. Es ya histórico que no son capaces de dar solución a las necesidades más básicas, de hacer llegar los artículos más básicos, a la ciudadanía, a un pueblo o un barrio.
Por ejemplo, sufrimos una falta continua de inversión del gobierno cubano en el sistema electroenergético del país. Algunas termoeléctricas cubanas importantes tienen más de 40 años, y las inversiones en ellas han sido escasas y mal gestionadas. Hay muchos ejemplos de incompetencia por parte de los burócratas, con gastos inútiles. Claro que el bloqueo es un problema, pero no lo explica todo.
A lo largo de los años, han invertido poco, como porcentaje del producto interior bruto, en el sistema electroenergético: prefieren construir hoteles de lujo para los turistas.
JF: El oficialismo se comporta culturalmente (para afuera y en parte para adentro también) como una izquierda (pro LGTBI+, pro Palestina, etc.), pero a nivel de políticas gubernamentales reales y proyectos económicos, es absolutamente neoliberal. [Nota: En 2023, una compañera cubana escribió sobre el programa de austeridad del Gobierno de la isla.]
Digamos que una cosa es la cultura-revolucionaria y la otra la Realpolitik (especialmente en la praxis económica y de derechos). El gobierno está adoptando medidas económicas neoliberales, a la vez que, en lo político, mantiene elementos del castrismo y el progresismo latinoamericano.
Por otro lado, esa casta gubernamental burocrática se ha ido fragmentando con el paso del tiempo en diferentes ideologías políticas, entre la cúpula hay simpatizantes del trumpismo. Por ejemplo, está el influencer Sandro Castro (nieto de Fidel), que hace poco dio una entrevista a la CNN. Dueño de un club nocturno de La Habana, defiende abiertamente el capitalismo. Y es solo un caso.
JJ: Durante aproximadamente doce días consecutivos en marzo hubo protestas espontáneas. La protesta más impactante fue la de Morón. Fue la protesta más importante desde el 11 de julio de 2021.
En Morón, un grupo de personas acudió a la sede del PCC, como queja legítima ante la represión, el cansancio acumulado de los apagones, el no poder solucionar sus problemas, la precariedad, la inflación…
Hicieron una quema muy simbólica —al mismo tiempo muy real— de la institución del PCC, de la sede municipal de PCC en la ciudad de Morón, en Ciego de Ávila. [Nota: muy cerca de Morón se encuentran los hoteles de Cayo Coco, que hasta hace muy poco seguían sirviendo con normalidad al turismo de lujo, mientras la población sufría apagones y otras carencias.]
Yo conocí una persona que estuvo en las protestas. Resulta que en Morón los apagones eran de 23 horas diarias, y luego apenas 20 minutos de luz o quizá una hora.
La protesta fue masiva, salió mucha gente, se topó con la policía y ahí empezaron a gritar cosas. La gente se fue a otros lugares, un grupo fue hacia la sede municipal del Partido, y ahí hubo enfrentamiento.
Algunas personas entraron, y empezaron a romper cosas. La policía estaba dentro y un manifestante recibió un disparo en la pierna; ahora está en el hospital.
Actualmente dos menores de edad, Jonathan Muir y Christian de Jesús Crespo, están encarcelados desde el 13 de marzo por un supuesto delito de sabotaje.
La protesta de Morón fue muy simbólica, porque fue contra el PCC; querían derrotar al partido que tiene el poder político en Cuba. No se puede calificar de “protesta anticomunista”, porque en Cuba no tenemos comunismo, sino capitalismo de Estado. Lo que aplica el PCC es el neoliberalismo, igual que Milei.
La gente demostró su cansancio, frente los que toman las decisiones políticas, que al final son los que tienen la potestad sobre los alimentos, la energía eléctrica, las medicinas, los servicios sociales…
JJ: Algunas personas estamos trabajando en un proyecto de cocina solidaria. Se preparan comidas para repartir a personas necesitadas en el barrio donde se hace el reparto. Aquí, prácticamente no tienen una alimentación digna diaria, no tienen un salario que alcance para comprar los alimentos, porque estamos hablando de personas jubiladas en Cuba, que reciben tres o cuatro mil pesos al mes. Para dar una idea, un cartón de huevos cuesta tres mil pesos.
Según los economistas, un salario mínimo real para que una persona pueda vivir sería ahora de unos 40 mil pesos mensuales: su pensión es solo la décima parte de eso. Así se puede imaginar cómo de crítica está la situación y también la inflación que se vive en el país.
Estas iniciativas son plenamente populares, con el esfuerzo voluntario de personas que tienen alguna afinidad ideológica, por supuesto. Son personas que tienen la capacidad y las relaciones sociales necesarias para ofrecer este tipo de ayuda.
También hay acciones solidarias de las iglesias, tanto las católicas como las evangélicas.
Mientras, los servicios sociales en Cuba están colapsados. El gobierno cubano ha recortado todos los gastos sociales en Cuba. Han conseguido reducir el déficit presupuestario, pero ha sido a costa de recortes en educación, en salud, en la propia seguridad social, en la agricultura…
En resumen, los servicios sociales han sido muy golpeados por la crisis, y además muy desatendidos y golpeados por los recortes del Estado.
JJ: Aquí hay que reconocer que Trump cambia de versión todo el tiempo. En sus declaraciones iniciales, dijo que quería provocar una explosión popular en Cuba, igual que dijo sobre Irán.
Pero ahora está claro que hay algún tipo de negociaciones, para una salida pactada entre las élites. Aun así, hay propuestas diferentes.
El gobierno de EEUU, sobre todo el Secretario de Estado Marco Rubio, está diciendo que las medidas en Cuba tienen que incluir una transformación política.
Esto podría suponer un “remake” de lo que pasó en Venezuela, quitando a Díaz Canel de la Presidencia, con otros cambios, haría más libertades, pluripartidismo, etcétera.
Pero el gobierno cubano, incluso su embajadora en Washington, dice que están abiertos a una transformación económica mediante el diálogo con EEUU. Se entiende que, aun quitando a Díaz Canel, la cúpula quiere negociar para mantener su poder político actual.
Entonces, creo que el modelo de transformación que proponen para Cuba, se acerca mucho al modelo ruso. Y ya sabemos que a Trump no le preocupa el régimen autoritario de Putin.
JF: Evidentemente el interés de Trump está en desarrollar un proyecto imperial en toda la Abya Yala. Busca reubicar a Cuba como una neocolonia, como nuevo proyecto paradisíaco yanqui, para el extractivismo turístico. También es posible que le interese alguna forma de extractivismo de recursos naturales y estratégicos, aunque de este tema no se comenta mucho.
Muchas y muchos cubanos están dispuestos a hacer un pacto con ese poder. No puedo hablar por todos, pero sí conozco a muchas personas, incluso muchas trabajadoras e intelectuales con perspectiva extremadamente trumpista, capitalista, neoliberal y de ultraderecha. Está muy extendido este pensar en las Américas actualmente. Creo que hay una posibilidad de que Cuba se reubique dentro de ese marco colonial del proyecto trumpista.
Casi todo el exilio es trumpista, en mi opinión. Incluso mucho activismo cubano que se define de centro o de centro-izquierda son pragmáticamente trumpistas con respecto a Cuba (imperialismo rosa). No sé hasta qué punto son centro-izquierda, pero bueno, se dicen socialdemócratas muchos de ellos.
Entonces es complicado. Me parece poco probable que Cuba se convierta formalmente en una colonia de EEUU. Pero que pase a ser una especie de neocolonia o “aliado” de EEUU es como lo están dibujando, al parecer, los de arriba. Vendría a ser como el caso venezolano.
Hay mucho apoyo ideológico y mediático por algo así, casi todo el pensamiento que se reproduce en las redes sociales va en ese sentido. Está de moda ser —cómo dirían los gringos de izquierdas— un ancap (anarcocapitalista) y hacerle culto a las serpientes, al Estado israelí, a los pedófilos, al evangelismo y a los billonarios como Musk y Trump.
Gran parte de la sociedad cubana va en esa dirección. Hacia el trumpismo, el mileísmo, a un neoliberalismo total. Y esto incluye a sectores de la clase dirigente cubana también. Lo cual como dice José puede devenir en un reencuadre neocapitalista autoritario al estilo ruso o directamente en un reemplazo de la cúpula castrista por una cúpula más organizada por Estados Unidos. Aunque veo esta segunda posibilidad con menos opciones porque implicaría un cambio muy brusco en las relaciones sociales y económicas.
Frente a todo esto, desde la izquierda cubana, debemos levantar la voz a favor de una salida por y para la gente desde abajo, pero no es nada fácil.