Cómo llegamos a dónde estamos
Mientras casi 6 millones de personas votaron que era muy importante cambiar la constitución en octubre 2020, luego, en septiembre 2022, casi 8 millones votaron Rechazo (y casi 5 millones votaron Apruebo) de la nueva constitución elaborado por las y los Convencionales Constitucionales elegidas en mayo 2021.
Y en diciembre de 2023, casi 7 millones votaron en contra de la Constitución “negociada”, propuesta por el Consejo Constitucional.
Bueno, algunos activistas echan la culpa por el Rechazo de 2022 a la conciencia neoliberal de tantos millones. Pero si fue así... ¿por qué tantos millones votaron por los cambios un par de años antes?
Y los 7 millones que votaron en Contra en 2023... ¿por qué votaron así?
Otros echan la culpa por el Rechazo al gobierno de Gabriel Boríc, que ganó la elección presidencial con promesas de cambios en noviembre 2021, pero no cumplió, aunque -- según el gobierno--, no tenía cómo cumplir.
También se dice que fue el trabajo de los convencionales elegidos -- trabajo de tanta palabrería radical y tan poca conexión con las vidas diarias de los millones--, lo que marcó el comienzo del alejamiento de los millones de su votación en octubre 2020 después de la rebeldía de 2019. Y la poca confiabilidad del gobierno aumentó ese mismo alejamiento.
Se dice que fue el fracaso del trabajo de los y las Convencionales Constituyentes y del gobierno -- sin o con querer--, que provocó el rechazo. Que ese rechazo fue un rechazo al gobierno mismo. Se dice que la campaña de la derecha contra la violencia en las calles y el “robo” de los ahorros en las cuentas individuales de los trabajadores, fue exitosa porque “interpretó” o "entendió" el malestar contra los y las Convencionales y contra el gobierno que no cumplió su palabra.
¿Hacia dónde va el Malestar?
En todo caso, malestar hay. El tema que tenemos que discutir es, si para ganar el apoyo de los millones que sienten el malestar, tenemos que hablar más “hacia la Izquierda" o más bien más "hacia la derecha”.
En otras palabras, si los millones que van a votar quieren cambios radicales hacia la izquierda, o cambios radicales hacia la derecha.
Hoy día, está claro que parte del gobierno ha tomado la decisión de apoyar a la candidatura de Carolina Tohá, porque opina que los millones quieren más política tipo derecha, como militares en las calles y campos de Wallmapu en la frontera con Perú y Bolivia en el norte.
Algo similar pasa con las discusiones dentro del PC si es mejor elegir Jeanette Jara o Daniel Jadue como candidato(a). Jeanette Jara es de una izquierda menos radical, según su obra como ministra del Trabajo y apoyo a los cambios propuestos a las Pensiones. Esa obra como ministra parte de un gobierno que “no cumplió” ¿ es un obstáculo para ser una candidata para los millones?
Daniel Jadue es de una izquierda más radical, que propone farmacias populares y organización fuera de la política parlamentaria. Para los millones, ¿tener cómo comprar medicamentos a precios bajos en una farmacia popular, es más importante que pensar que el candidato que propone tal cosa es “comunista” (es decir “comunista de mierda”)?
Lo que sí es cierto es que los millones divididos entre sectores con ideas distintas, eso sí, pueden sacar conclusiones radicales “de izquierda” o “de derecha” de su sentido de malestar. No significa que están en un estado permanente de radicalización de izquierda o derecha, sino que, en su estado de desorganización actual, los millones (o sectores de), van a seguir una política radical, bien pensada y organizada, de “izquierda” o de “derecha”.
Y creo, este tema del nivel de organización o desorganización de los millones es clave.
El candidato debe ser conocido(a) como activista, como alguien que se mueve, que pelea, que es confiable, que es “como nosotros”, que es “nuestro”.
En ese sentido, la campaña electoral es un paso más en el largo proceso de reconstrucción de organización, que hoy integra nuevos conflictos sindicales, las lucha contra las AFP y la solidaridad con el pueblo palestino.
¿Un candidato independiente?
Unos proponen que es mejor no hablar ni de izquierda ni de derecha, porque tanta gente no entiende de que se está hablando. Mejor hablar, entonces, de las causas económicas y sociales de las molestias... las cuentas de la luz, el precio del pan, la falta de viviendas, las colas en los Cesfam, los sueldos y pensiones bajas.
De acuerdo, sin embargo, creo que hay que decir que la lucha por mejorar esas condiciones de vida ES ser izquierda. Y los que NO luchan en ese sentido NO son izquierdas.
En fin, un candidato “nuestro” tiene que ser un luchador que MUESTRE por sus propias acciones que es confiable y que está al lado de los millones que tienen problemas en esta vida.