SOCIALISMO DESDE ABAJO



Publicación

Qué es el reformismo hoy


24/01/2026 | 92 vistas | Miguel Silva







El balance de las fuerzas

Algunos nos dicen que el balance de las fuerzas está en contra nuestra, por ende, no podemos hacer nada más que esperar y trabajar donde podemos. En otras palabras, que la política parlamentaria no es una opción entre otras, sino es la única opción posible y que los que andan criticando no tienen ni idea sobre la realidad de la situación.
 

Y sostienen que, una vez que hemos trabajado bien y el balance de las fuerzas está a nuestro favor, una vez hecho ese trabajo, podemos presionar al estado de funcionar en favor nuestro. Que podemos presionar al Congreso, a la Justicia y hasta a los empresarios, de tomar parte en la obra de los cambios.
 

Claro, dicen que aquellas personas, hombres y mujeres, que se oponen a esta obra bien pensada y planificada de cambiar el balance de las fuerzas, o sea, que dicen que ese trabajo que posterga los cambios estructurales y por ende reales, esos hombres y mujeres son “objetivamente” reaccionarios.

 

Pero pensemos un poco sobre esta forma de pensar sobre el balance de las fuerzas y el Estado. El estado es las fuerzas armadas y Carabineros y sus aparatos de espionaje. Es el aparato de coordinación de los empresarios como SOFOFA, CPC y CNC y sus relaciones cercanas con los generales de las FFAA y los Carabineros. Es los jueces y funcionarios de la burocracia de alta jerarquía y sus relaciones íntimas con los empresarios y los generales.

¿Creemos que estos mandamases van a ayudar a poner fin a la desigualdad y la explotación?
 

Creo que NO… pero el proyecto de los que transmiten la obra de “ganar el balance de las fuerzas”, NO ES ELIMINAR la desigualdad, sino eliminar lo peor de la explotación con el propósito de crear una alianza capaz de echar andar un CAPITALISMO MÁS HUMANO.

Y claro, los que se oponen a esa política son “objetivamente” reaccionarios o que no sirven para nada. Quieren reforma y no revolución.
 

¿Qué es el reformismo?
 

Pero reformismo no es luchar por las reformas. Todos queremos reformas, por ejemplo, la eliminación de las colas para tratamiento GES o más viviendas construidas.
 

Y el reformismo tampoco es lo que decía Bernstein en su polémica contra Rosa Luxemburgo. No es lo que dijo Kautsky cuando enfrentó a Lenin. Tampoco es lo que Miguel Enríquez criticó del pensamiento y obra de Salvador Allende.
 

El reformismo, de verdad, nace de la naturaleza misma de la clase trabajadora. La clase trabajadora, por su posición en el proceso de producción, tiene la capacidad de controlar esa producción y por lo tanto controlar todo un país y todo el mundo.
 

Pero aquella posición en la producción (y distribución) no trae una conciencia que los y las trabajadores tienen en sus cabezas, que SI tienen esa capacidad de controlar todo. En la realidad, los y las trabajadoras dudan que sean capaces de controlar la producción y por ende mejorar el estándar de vida de sus familias. Y tampoco creen que es su deber  ejercer ese control.
 

Y por esa razón, aunque sufren de las consecuencias de la desigualdad y la explotación y pueden criticar esa desigualdad, los altos precios, las malas pensiones y las colas en la salud, su posición en la producción NO LES OBLIGA a entrar en acción para arreglar los problemas.
 

Más probable que pidan la ayuda a otros que tienen, parece, cómo mejorar la situación. Es decir, pedir ayuda a los parlamentarios, a los altos dirigentes sindicales o a los jueces “amigos”, porque los y las trabajadores mismos no piensan que ellos y ellas mismas tienen cómo efectuar los cambios.
 

Esa confianza en la capacidad de OTROS en vez de ELLOS y ELLAS MISMOS, es el reformismo. Lo que decían Bernstein, Kautsky, Eduardo Frei padre, Ricardo Lagos, Michelle Bachelet y Gabriel Boric, traduce esa confianza en, a una política, a una estrategia.

Incluso, esa confianza en otros puede traducirse en el apoyo a una derecha radicalizada, a organizaciones racistas o religiosas. Son todas “formas” que puede tomar el reformismo, por así decirlo.
 

Por eso, se equivocan los que dicen que los millones que han apoyado a Gabriel Boric son de la clase media, son los iluminados, son reaccionarios. Algunos sí, otros no. Algunos viven en Ñuñoa, otros en Puente Alto. Son millones que quieren cambios, pero esperan que OTROS hagan esos cambios.
 

¿Y cómo cambiar esa fe que tienen en otros a la confianza en sus propias capacidades? ¡A través de campañas mancomunadas donde ellos y ellas mismas son los activistas!

 

El camino al futuro
 

Esa obra mancomunada tiene que estar íntimamente relacionada con lo que los millones sienten en sus corazones, íntimamente relacionada con lo que ellos y ellas piensan que es malo, que no corresponde. Con las cuentas altas de la luz, las colas para el GES, la falta de vivienda, los sueldos malos y la cesantía, el maltrato a las mujeres.
 

La obra tiene que integrar también algunos temas “ideológicos” que no todos comparten. Tiene que insistir que los migrantes tienen todo el derecho de buscar dónde vivir mejor. ¿Y por qué tiene que insistir sobre ese racismo? Porque si no integramos ese argumento en el trabajo mancomunado, los mandamases pueden ganar a SU lado mucha gente cuando dicen que ELLOS van a “cerrar las fronteras”, que ELLOS van a garantizar que las familias chilenas van primeras en las colas del GES o que ELLOS garantizan que los migrantes van a ser los últimos en recibir recursos del estado.    
 

Es decir, que millones de hombres y mujeres pueden pensar que no son ellos y ellas que deben ser los activistas, sino los mandamases que actúan EN NOMBRE suyo.

 

En fin, lo de la “Reforma y Revolución” no es un debate entre unos pocos cabezas calientes” y los que quieren lograr lo poco que pueden dado las circunstancias, sino es un debate entre los que quieren reorganizar la clase trabajadora HOY – sin asustarse que van a crear olas para las negociaciones parlamentarias, y los que quieren hablar y actuar EN NOMBRE DE esa clase trabajadora.

 

El balance de las fuerzas en otros países
 

Ahora bien, los y las que hablan del balance de las fuerzas en otros países, identifican como fuerzas “reaccionarias” a las que apoyan al imperialismo yanqui, y como “progresistas” las que se oponen a ese imperialismo. No hablan de las capacidades o confianza de los y las millones de trabajadores dentro de  sus países, sino que caen en esa misma trampa de identificar como fuerzas a las autoridades que hablan EN NOMBRE DE los y las trabajadores.
 

Hablan, en Irán, de las autoridades que se oponen al poder yanqui, pero dejan fuera de la película los y las que están en la calle y que enfrentan la represión de esas mismas autoridades. Hablan de las nuevas autoridades en Venezuela, pero no hablan de los y las que luchan contra las autoridades en pro de mejorar su estándar de vida. Y así las cosas en otros países.
 

Ellos ven dos posibles lados en este “balance de fuerzas”. Pero HAY TRES. La tercera fuerza son los millones de personas que trabajan y sufren tanto a manos del imperialismo como a manos de sus PROPIAS autoridades nacionales.
 

Por eso, estamos EN CONTRA del imperialismo contra otros países y también EN CONTRA de la explotación y represión dentro de aquellos países. Queremos que los millones de familias de la clase trabajadora en los países tomen su puesto en el balance de las fuerzas.
 

Por eso, para nosotros es esencial entender cómo esos millones entienden sus vidas, las formas de opresión y explotación que sufren, sus historias de lucha, sus capacidades y sus conciencias

 





Comentarios (0)

Cargar más       Comentar
Nombre:

Comentario (0 de 300):

IP: 216.73.216.218